Parte 1 — Combustibles fósiles: un sistema bajo presión
Un sistema energético dominante que se enfrenta a fragilidades estructurales
La energía ha sido el núcleo del desarrollo económico durante décadas. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, ha impulsado la reconstrucción, la industrialización y la mejora del nivel de vida. Esta dinámica ha dado lugar a un aumento continuo del consumo energético mundial.
Sin embargo, este modelo está llegando ahora a sus límites. El carbón, el petróleo y el gas natural siguen representando casi el 80 % de la combinación energética mundial.
Abundante, barato y fácil de transportar, el carbón sigue siendo un pilar histórico de la producción energética mundial y la mayor fuente de generación de electricidad del mundo. Sin embargo, también es una de las más nocivas: en Europa, la Gran Niebla de Londres de 1952, que causó varios miles de muertes en cuestión de días, marcó un punto de inflexión y dio lugar a la primera legislación importante en materia de calidad del aire, la Ley de Aire Limpio.
Posteriormente, el petróleo se convirtió en la principal fuente de energía del mundo. Aunque es menos contaminante que el carbón, sigue siendo altamente intensivo en carbono, especialmente en el transporte, que por sí solo representa casi el 65 % de la demanda mundial de petróleo.
El gas natural se presenta a menudo como un combustible de transición: emite alrededor de un 50 % menos de CO₂ que el carbón y aproximadamente un 30 % menos que el petróleo durante la combustión. Sin embargo, esta ventaja se ve parcialmente contrarrestada por las fugas de metano durante la extracción y el transporte — un gas de efecto invernadero con un potencial de calentamiento más de 80 veces superior al del CO₂ en un periodo de 20 años.
En este contexto, el gas natural licuado (GNL) ha cobrado cada vez más importancia. Enfriado a -160 °C para su transporte marítimo y regasificado en destino, permite a los países diversificar sus fuentes de suministro, aunque mediante un proceso que consume mucha energía. Estados Unidos representa ahora casi el 50 % de la nueva capacidad mundial de exportación de GNL en construcción.
Más allá de las consideraciones climáticas, la seguridad energética se ha convertido en una cuestión central. La concentración geográfica de los recursos de petróleo y gas expone a las economías a riesgos de suministro y a importantes fluctuaciones de precios. La guerra en Ucrania puso de relieve esta dependencia, especialmente en Europa, donde más del 60 % del consumo energético procede de importaciones, incluida una dependencia casi total del petróleo y el gas importados.
Las persistentes tensiones geopolíticas refuerzan aún más estas vulnerabilidades, especialmente en torno al estrecho de Ormuz, por donde pasa aproximadamente el 20 % del comercio mundial de petróleo y GNL.
Datos clave: importaciones de energía (2023)
- Europa: +63,5 %
- China: +24 %
- EE. UU.: −9 %
(Fuente: Estadísticas energéticas de la AIE)
El coste oculto de la ineficiencia
Hay otro aspecto que a menudo se pasa por alto y que debilita aún más el modelo basado en los combustibles fósiles: la ineficiencia. Una parte significativa de la energía primaria se pierde durante la conversión, el transporte y el uso final. Los vehículos de combustión interna disipan aproximadamente entre el 70 % y el 80 % de su energía en forma de calor, mientras que las centrales eléctricas de carbón suelen funcionar con una eficiencia inferior al 30 %.
| Los combustibles fósiles han impulsado el crecimiento mundial durante décadas, pero el modelo se enfrenta ahora a límites estructurales: contaminación, dependencia geopolítica, volatilidad de los precios y baja eficiencia energética. La energía ya no es solo una cuestión medioambiental, sino que se ha convertido en una cuestión de seguridad económica, industrial y geopolítica. |
Parte 2 — La electrificación como transformación sistémica
Electrificar para descarbonizar: la reconfiguración del sistema energético
En 2015, el Acuerdo de París estableció un objetivo claro: limitar el calentamiento global mediante la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. La consecución de este objetivo se basa en tres ejes principales:
- Mejorar la eficiencia energética,
- Ampliar la producción de energía con bajas emisiones de carbono,
- La electrificación de los usos finales.
Entre ellos, la electrificación desempeña un papel fundamental. Mejora significativamente la eficiencia energética: los motores eléctricos convierten aproximadamente entre el 70 % y el 90 % de la energía en movimiento, frente a solo el 20 %-30 % de los motores de combustión interna. También facilita la integración de las energías renovables en el sistema energético.
En la actualidad, la electricidad representa aproximadamente el 21 % del consumo final de energía a nivel mundial; sin embargo, la demanda de electricidad está creciendo a un ritmo significativamente mayor que la demanda energética global. Esta tendencia viene impulsada por varias transformaciones estructurales:
- En los edificios: sistemas de calefacción electrificados, como las bombas de calor, y una digitalización cada vez mayor;
- En la industria: la automatización, la robótica y los procesos industriales eléctricos;
- En el transporte: la rápida expansión de los vehículos eléctricos.
Según la Agencia Internacional de la Energía, las inversiones relacionadas con la electricidad —incluida la generación de energía, la infraestructura de la red eléctrica y la electrificación de los usos finales— representan actualmente casi el 50 % de la inversión energética mundial.
| Desde el año 2000, la generación mundial de electricidad casi se ha duplicado. Solo en China se ha multiplicado por siete, lo que ilustra la magnitud de la transformación en curso. |
Sin embargo, la electrificación no consiste simplemente en generar más electricidad: requiere un rediseño completo del sistema energético. La electricidad debe transportarse, almacenarse y gestionarse de manera eficiente. Como resultado, las redes eléctricas se están convirtiendo en activos de infraestructura críticos. En Europa, casi dos tercios de los 158 GW de proyectos de energías renovables que se prevé que entren en funcionamiento para 2030 podrían sufrir retrasos o ser cancelados debido a una capacidad insuficiente de la red.
| La energía ya no es un simple flujo de materias primas. Se está convirtiendo en un sistema integrado, interconectado y cada vez más gestionado. |
Parte 3 — China: liderazgo industrial y estrategia integrada
China como eje de la transición energética mundial
China ocupa una posición única en la transición energética mundial. Representa casi el 30 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y, al mismo tiempo, actúa como uno de los principales motores de la descarbonización.
Esta dualidad refleja el papel de China como potencia industrial mundial: en 2023, la industria representó el 48 % del consumo energético total del país, frente a solo alrededor del 15 % correspondiente al uso residencial.
En respuesta a estos retos, China ha puesto en marcha una estrategia industrial a gran escala que abarca toda la cadena de valor energética: generación de energía, redes eléctricas, almacenamiento y tecnologías limpias. En poco más de una década, China ha alcanzado a Francia en número de reactores nucleares y se está acercando rápidamente a Estados Unidos, con 38 reactores actualmente en construcción frente a ninguno en EE. UU.
Al mismo tiempo, China ha acelerado las inversiones en energías renovables y ahora domina varios segmentos clave:
- Más del 50 % de la capacidad renovable añadida a nivel mundial en 2024,
- Más del 70 % de la producción mundial de vehículos eléctricos,
- Posiciones dominantes en el sector de las baterías y los materiales críticos.
Este liderazgo se sustenta en una profunda integración vertical, que incluye el acceso a tierras raras y minerales críticos: China controla una gran parte de la capacidad mundial de refinado, especialmente en lo que respecta a los materiales para baterías. Los imanes de NdFeB, que representan la mayor parte del uso de tierras raras, son esenciales para tecnologías clave como los vehículos eléctricos, las turbinas eólicas y los sistemas industriales y digitales.
Sin embargo, este dominio conlleva importantes costes medioambientales. La extracción y el procesamiento de estos recursos son altamente contaminantes, lo que confiere al reciclaje una importancia estratégica; una vez más, China lidera a nivel mundial, con aproximadamente el 80 % de la capacidad de reciclaje y procesamiento de baterías.
Al mismo tiempo, China sigue invirtiendo con fuerza en infraestructuras: solo en 2024 se invirtieron más de 80 000 millones de dólares en redes eléctricas, especialmente en líneas de transmisión de ultraalta tensión.
| En tan solo unas décadas, China ha pasado de un sistema dominado por el carbón a una economía cada vez más electrificada. |
Su influencia se extiende ahora más allá de sus fronteras. China podría estar trazando una nueva vía de desarrollo para las economías emergentes: la industrialización impulsada por la electrificación directa. La India ofrece un ejemplo convincente: el coste de la energía solar se ha reducido en casi un 80 % durante la última década, lo que ya está contribuyendo a reducir la dependencia del país de los combustibles fósiles importados.
| China ha convertido la transición energética en una estrategia industrial. Gracias a inversiones masivas en energías renovables, energía nuclear, redes eléctricas, baterías y minerales críticos, ahora domina varios segmentos clave del sistema eléctrico mundial. Su modelo ilustra cómo la creación de valor se está desplazando hacia la integración de toda la cadena de valor energética. |
Parte 4 — Occidente: reposicionamiento forzado, oportunidades sistémicas
Estados Unidos y Europa en un sistema energético en transformación
Ante el liderazgo de China en la transición energética —lograda mediante inversión coordinada en toda la cadena de valor—, tanto Estados Unidos como Europa parecen ir a la zaga. Sin embargo, ninguno de los dos tiene la opción de quedarse quieto por más tiempo: la transición energética se está convirtiendo en una necesidad estratégica. Dos factores distintos están marcando sus trayectorias: la tecnología en Estados Unidos y la geopolítica en Europa.
Estados Unidos: la electrificación impulsada por la demanda tecnológica
Estados Unidos sigue siendo un productor dominante de combustibles fósiles, al tiempo que acelera las inversiones en tecnologías bajas en carbono. Las inversiones en la fabricación de tecnologías limpias aumentaron de unos 2 000 millones de dólares en 2018 a más de 60 000 millones de dólares en 2024, lo que refleja un cambio industrial significativo, aunque todavía parcial.
El auge de la inteligencia artificial se está convirtiendo en un importante catalizador: según la AIE, los centros de datos podrían representar casi el 10 % del consumo eléctrico de EE. UU. para 2030, frente al 4 % aproximadamente que representan en la actualidad. Esta tendencia está ejerciendo una presión inmediata sobre tres segmentos críticos: la generación de electricidad, la infraestructura de la red eléctrica y el almacenamiento de energía.
La generación de electricidad sigue dependiendo en gran medida del gas natural, que aún representa más del 40 % del mix energético. Las energías renovables, que suponen aproximadamente el 24 %, están creciendo rápidamente, pero siguen enfrentándose a limitaciones de intermitencia e integración.
Al mismo tiempo, las grandes empresas tecnológicas están acelerando sus compromisos de descarbonización mientras se enfrentan a un crecimiento explosivo de la demanda de electricidad. Esta doble presión les está impulsando a garantizar el suministro eléctrico mediante acuerdos de compra de energía (PPA) a largo plazo e inversiones directas en capacidad de generación con bajas emisiones de carbono.
Sin embargo, el cuello de botella crítico ya no es la producción de electricidad en sí misma: la verdadera limitación es la infraestructura. Gran parte de la red eléctrica está envejeciendo y no está lo suficientemente adaptada al rápido crecimiento de la demanda.
| La transición en EE. UU. dependerá menos de la innovación tecnológica que de la capacidad de desplegar infraestructuras a gran escala y con rapidez. Hacia dónde se está desplazando la creación de valor: redes eléctricas (transmisión y distribución); equipos críticos (transformadores, turbinas, componentes eléctricos clave); almacenamiento y gestión de la red (baterías, respuesta a la demanda); generación despachable con bajas emisiones de carbono (nuclear, gas con captura de carbono, etc.). |
Europa: una transición acelerada por la seguridad energética
En Europa, la transición energética es, ante todo, una respuesta a la dependencia estructural de las importaciones de energía. La crisis energética desencadenada por la guerra en Ucrania supuso un choque sistémico que puso de manifiesto la fragilidad del modelo energético europeo, y aceleró simultáneamente la diversificación del suministro energético, el despliegue de las energías renovables y las políticas de eficiencia energética.
Como resultado, en 2025, la energía eólica y la solar generaron por primera vez más electricidad que los combustibles fósiles en la Unión Europea. Sin embargo, este progreso oculta importantes desequilibrios estructurales: el principal reto ya no es desplegar capacidad renovable, sino integrarla en la red, frente a la congestión de la red, la insuficiente capacidad de transporte entre regiones y episodios de precios negativos de la electricidad provocados por un exceso de generación mal distribuido.
Al igual que en Estados Unidos, las redes eléctricas se están convirtiendo en el principal punto de tensión. En respuesta, Europa está reorientando progresivamente su estrategia en torno a la competitividad industrial (Pacto por una Industria Limpia), la modernización y ampliación de la red eléctrica (Plan de Acción para la Red) y la garantía de acceso a materias primas críticas (REPowerEU / Ley de Materias Primas Críticas).
Sin embargo, la magnitud de la inversión necesaria sigue siendo considerable: se prevé que para 2030 se necesitarán más de 500 000 millones de euros en inversiones en la red eléctrica.
| Europa no va a la zaga en el despliegue de las energías renovables, sino en la integración del sistema. Hacia dónde se está desplazando la creación de valor: redes eléctricas (modernización, ampliación, interconexiones); soluciones de almacenamiento y flexibilidad; eficiencia energética (renovación de edificios, optimización industrial); integración de los mercados y optimización de los flujos de electricidad en toda Europa. |
Conclusión: un nuevo ciclo de inversión a escala mundial
A pesar de ir a la zaga de China, tanto Estados Unidos como Europa están entrando en una fase de aceleración forzada de la transición energética. En Estados Unidos, la inteligencia artificial y los centros de datos están impulsando la electrificación; en Europa, la seguridad energética se ha convertido en una prioridad estratégica fundamental. En ambos casos, las redes eléctricas, el almacenamiento y la integración de sistemas se perfilan como los principales retos y las principales áreas de creación de valor.
La transición energética ya no consiste simplemente en sustituir una fuente de energía por otra. Se trata de construir un sistema eléctrico capaz de integrar, transportar y optimizar la energía baja en carbono a gran escala.
En definitiva, la creación de valor se está desplazando progresivamente de la producción de energía en sí misma hacia la capacidad de gestionar el sistema eléctrico en su conjunto. Los segmentos estratégicos clave son:
- Las redes eléctricas (la columna vertebral del sistema),
- Almacenamiento y flexibilidad (equilibrio entre la oferta y la demanda),
- Tecnologías de optimización y control (gestión de sistemas cada vez más complejos),
- Seguridad de la cadena de suministro (minerales críticos y recursos estratégicos).
| La transición energética ya no es solo una cuestión medioambiental. Está redefiniendo los equilibrios industriales, tecnológicos y geopolíticos a nivel mundial, al tiempo que crea un nuevo ciclo de inversión a largo plazo que probablemente definirá la próxima fase del crecimiento económico mundial. |
Fuentes
Consejo Europeo, Comisión Europea, Agencia Internacional de la Energía (AIE), Statista, DW News, Kepler Cheuvreux, Forbes, Naciones Unidas, Ember, Our World in Data, Asociación Nuclear Mundial, Energy Institute.
Publicado originalmente por Mirabaud & Cie Ltd. como miniserie en cuatro partes («Tema de la semana»). El presente documento constituye una comunicación comercial y no un análisis de inversión independiente. La información y las opiniones se basan en fuentes consideradas fiables, pero su exactitud o exhaustividad no puede garantizarse, y están sujetas a cambios sin previo aviso. Este documento no constituye una oferta ni una recomendación de inversión y no tiene en cuenta los objetivos, la situación financiera o la actitud ante el riesgo de ningún destinatario en particular.
Mirabaud Valencia: Luis Capilla, Jose González, Sonia Yllera, Sergio Bernal, Manuel A. Gonzalez y Carmen Ruiz

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