El crecimiento y la productividad: retos de las pymes españolas

Isabel Giménez Zuriaga, directora general. Fundación de Estudios Bursátiles y Financieros

El pasado 25 de noviembre se presentó en Analistas Financieros Internacionales el estudio editado por Fundación AFI Emilio Ontiveros y dirigido por el Catedrático Ángel Berges titulado «Radiografía del tejido empresarial español: en busca del crecimiento». El informe analiza la evolución del tejido empresarial en España desde la crisis financiera de 2008 hasta 2023, comparándolo con otros países europeos, con especial hincapié de las empresas lideres en crecimiento (top100), también denominadas scalers a modo de benchmark.

El informe destaca la fuerte atomización del tejido empresarial español, con predominio de pymes y microempresas (95% del total) fundadas por persona física (más del 50%), mientras que las grandes empresas representan solo el 0,2%. Aunque las pymes concentran dos tercios del empleo, su aportación al valor añadido es menor debido a su baja productividad, y este aspecto es el prioritario para la competitividad de las empresas españolas.

Cabe resaltar que España muestra una densidad de empresas (por cada 10.000 habitantes) similar a la media europea y a sus grandes países, si se exceptúa Alemania, que cuenta con un tamaño medio significativamente mayor. La caracterización como país de pymes, al decir de los autores, no es, por tanto, privativa de España, sino prácticamente de toda Europa. En cuanto a la distribución geográfica de la densidad empresarial (numero de empresas por 100.000 habitantes) destaca el dinamismo territorial de cuatro comunidades autónomas (Madrid, Barcelona, Cataluña y Comunidad  Valenciana).

En cualquier caso, en todos los países de la Unión Europea, incluida España, la aportación de las pymes al valor añadido es mucho menor que al empleo, lo que es indicativo de una productividad muy inferior a la de las grandes empresas. De ahí que el foco principal en los informes Letta o Draghi se ponga en incrementar el tamaño medio de las empresas europeas, y muy especialmente en el papel que debería jugar la unión del mercado de capitales. Sin embargo, el aumento del tamaño empresarial es condición necesaria pero no suficiente para alcanzar mayores cotas de productividad hacia los estándares de Estados Unidos y China.

La productividad de las empresas españolas se halla significativamente por debajo de los principales países europeos, independientemente del tamaño y del sector de actividad, en cierta medida se compensa con menores costes salariales, elemento que ha permitido una cierta convergencia con nuestros países vecinos a lo largo de la última década y media; sin embargo, no parece la forma deseable de mantener la competitividad de nuestras empresas españolas, por lo que el cierre de dicha brecha de productividad debería centrar los esfuerzos de las políticas públicas de apoyo, con especial hincapié en las pymes.

El estudio aborda temas como la demografía empresarial, las tasas de supervivencia, brechas de género, terciarización de la economía, rentabilidad y estructura financiera de las pymes, acceso a financiación y el papel del capital riesgo.

Se observa una mejora en la rentabilidad y solvencia de las pymes españolas, que han convergido con sus homólogas europeas, aunque persiste una brecha en productividad.

Además, se identifica un grupo de 100 empresas medianas líderes en crecimiento (Top100), que han destacado por su inversión, crecimiento en empleo, productividad y rentabilidad. Estas empresas representan un ejemplo de dinamismo empresarial en España, con presencia en diversos sectores y regiones. ​

El documento concluye que, aunque el crecimiento empresarial es importante, la mejora de la productividad es la principal prioridad para la competitividad de las empresas españolas. ​

Entre las barreras al crecimiento empresarias destacan las cargas burocráticas y regulatorias, así como las incertidumbres asociadas a requerimientos laborales y fiscales sometidos a saltos importantes cuando se traspasan ciertos umbrales de tamaño. Por ejemplo, mantenerse en una facturación inferior a seis millones de euros permite una consideración fiscal mucho mas laxa (declaraciones y pagos a cuenta), o mantenerse por debajo de 50 empleados se traduce en muchos menores requerimientos contables. En este sentido, según un reciente estudio (Epure-Guller-Pugliese, 2025) se pone de manifiesto la existencia de numerosas empresas que deciden ser, “estratégicamente pequeñas”. En muchos casos, se aprovechan de recursos e instrumentos públicos, sobre todo movilizados en épocas de crisis, haciendo un uso desproporcionado de los mismos por su calificacion de “pequeñas”.

Entre las medidas propuestas en apoyo del crecimiento en dicho informe parecen relevantes las siguientes:

1/Flexibilización de los cambios en exigencias jurídico-fiscales-laborales, en tanto suponen costes y dedicación desproporcionados en una etapa (la del crecimiento) critica en el camino a la eficiencia y la competitividad. En 2025 Cepyme hablaba de modular temporalmente dichas exigencias (posponer 3 o 4 años) desde que se alcances los umbrales, para permitir la consolidación de tamaño.

2/Facilitar operaciones de concentración empresarial, en línea con la regulación europea de 2003, con exenciones a la notificación a la CNMC de proyectos con estas características.

3/Impulsar la financiación alternativa (capital riesgo) para el crecimiento orgánico/inorgánico. El capital riesgo puede ser un “capital inteligente” para las pymes, que les proporcione, además de financiación asesoramiento estratégico, acceso a networking, potenciales sinergias y una mayor credibilidad, acelerando el crecimiento y mejorando la tasa de supervivencia. Tradicionalmente, su tasa de penetración en la economía española era modesta, pero las dos ultimas décadas ha crecido significativamente en numero de operadores, numero de operaciones y tamaño de las mismas ofreciendo, además, una salida en el relevo generacional de las empresas familiares.

4/Impulsar la financiación alternativa (mercados de capitales). Hay que destacar el esfuerzo realizado desde los mercados financieros europeos (también desde BME) para impulsar la financiación de pymes, bien mediante el desarrollo de mercados alternativos (BME Growth para renta variable, MARF para renta fija) o con el nuevo modelo de admisión (Easy Access) para facilitar y flexibilizar el acceso al mercado bursátil regulado de pymes con reticencias de tamaño del emisor o de volatilidad.

Sin lugar a dudas, la incorporación de socios externos que supone el capital riesgo (al igual que, en una etapa posterior, una salida a bolsa) supone una decisión muy importante con gran calado estratégico para la empresa.

Entre las reticencias culturales para las pymes estaría la potencial pérdida de control del empresario fundador, así como las mayores exigencias de transparencia y reporting. Pero frente a estos dos recelos, la profesionalización de mandos medios, la arquitectura ordenada que aporta el gobierno corporativo, y el solido sistema centralizado de gestión de riesgos, asi como la disciplina de mercado, son todos ellos palancas de crecimiento y competitividad.

Un punto interesante del debate generado en este informe sobre la reducida tasa de supervivencia de las pymes españolas  (el 50% de las empresas no superan los cinco años desde su creación) es si es más eficiente apoyar el crecimiento o la creación de nuevas empresas.

Entre las principales conclusiones destaca como las empresas españolas lideres en crecimiento (Top100) han invertido el doble que la media, crecido cuatro veces más en empleo, y dicha inversión y crecimiento han supuesto grandes avances en términos de productividad y rentabilidad, mostrando un circulo virtuoso digno de emular.

Tal y como concluyen los autores del informe, aun siendo deseable y aconsejable la ya mencionada reducción o modulación de obstáculos al crecimiento, ello sería insuficiente sin una mayor ambición y estrategia orientada al mismo. Y en este sentido, desde la OCDE se recomienda primar los esfuerzos empresariales por mejorar la productividad y la calidad de la gestión empresarial mediante incentivos explícitos (subvenciones) pero también mediante la difusión y prestigio social de las mejores prácticas en gestión empresarial y ambición por el crecimiento de los scalers, que pueden actuar de ejemplo y estímulo para el resto.

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