Ajedrez y estrategia geopolítica

Isabel Giménez Zuriaga. Directora General. Fundación de Estudios Bursátiles y Financieros

31 de marzo de 2025

En su maravilloso libro “Por qué fracasan los países” los recientes Premio Nobel de Economía Daron Acemoglou y James Robinson nos explicaban como las principales causas por las que determinados países han sido líderes en la historia de la humanidad radican en la estabilidad política, contar con una regulación sencilla, una sociedad activa e instituciones fuertes.

Haciendo revisión de la historia, algunos candidatos presidenciales norteamericanos una vez ganadas las elecciones han adolecido de tener un plan a la hora de afrontar sus mandatos, improvisando y confiando en el segundo nivel para liderar los movimientos. En el caso de Donald Trump, al conocer previamente su estilo de liderazgo, quedó claro desde el principio su orientación mesiánica y su afán de protagonismo, así como su hostilidad con los círculos de poder, tanto del partido republicano como del Ala Oeste de la Casa Blanca.

En su teatral ceremonia de aceptación del cargo, con la firma (con rotuladores XL) de un número récord de Mandatos Presidenciales, desveló su Plan personal para que los Estados Unidos recuperara el liderazgo económico mundial basado en grandes líneas estratégicas: combatir la inmigración, impulsar la inversión, reducir la carga fiscal de las empresas norteamericanas, gravar las importaciones y reducir el gasto público (aumentando la eficiencia de la administración).

Trump quiere pasar a la historia como el mejor Presidente de los Estados Unidos, pero la realidad se le ha vuelto en contra, y además está mostrando que no es buen jugador de ajedrez. En lugar de planificar sus intervenciones con una estrategia premeditada, y adaptando cada jugada en función de las reacciones de los adversarios, lo cierto es que ha mostrado una gran irreflexión, sacando a la reina demasiado pronto, y moviendo demasiadas fichas del tablero. Su actividad desenfrenada ha conseguido externalidades que hacen poner en duda su resultado final, con caídas en los mercados norteamericanos, enfrentamientos con líderes europeos y desencuentros con su “aliado” Vladimir Putin. Y la economía de las barras y estrellas tiene una fragilidad, su dependencia del consumo interno; si la inflación sube y los norteamericanos se asustan podría resentirse el ciclo económico, cambiando el desenlace de la partida de ajedrez y dañando el crecimiento económico mundial.

A modo de ejemplo, la última ocurrencia de su compañero de banquillo Elon Musk, manifestando públicamente su deseo de “liquidar la Fed” es una muestra de ignorancia en política monetaria y terrorismo institucional que no debería permitirse. Lo más triste es que este señor ya mostró previamente su falta de respeto por otras instituciones (como la SEC) y llueve sobre mojado.

La abolición de la Reserva Federal forma parte del cacareado Proyecto 2025 BluePrint, y este tono de diálogo, liderado por significativos aranceles comerciales, es potencialmente disruptivo ya que es necesario disponer de un Banco Central solvente (esto no se puede improvisar, sino que se lo digan a China) para mantener la estabilidad en la moneda.

Los mercados están descontando numerosos riesgos derivados de la guerra comercial. Este fin de semana Donald Trump amenazó con una “segunda ronda” de tarifas arancelarias contra Rusia (penalizando a los consumidores norteamericanos que compraran bienes y servicios de países compradores de petróleo ruso), muestra de su obsesión con introducir nuevos impuestos, justo en contra de lo comentado en su campaña presidencial.

Sin embargo, conviene reflexionar sobre la importancia relativa del comercio internacional con EE.UU para numerosas economías, que, aunque tiene cierta relevancia, no es la parte más importante de su actividad económica. En el caso europeo, por ejemplo (donde el 50% de las exportaciones son desde Alemania), es mucho más importante para buena parte de nuestro continente la confianza de los consumidores que las exportaciones con EE.UU. De hecho, en algunas economías europeas, como por ejemplo la española, el import-export más relevante es con otros países de la UE, no en vano fue el germen de su constitución y del mercado único europeo

Las ventas minoristas de Alemania en febrero mostraron un crecimiento por encima de lo esperado, y los datos de enero han sido revisados (once de las últimas doce revisiones fueron al alza). El IPC alemán e italiano de marzo anticipa subida de precios, mientras que el francés y el español ha tenido ajustes a la baja por la climatología adversa y la bajada de los precios de la energía.

Durante los próximos días se espera que el presidente norteamericano Trump aumente los impuestos a los consumidores norteamericanos y la reacción automática es que esto es malo para las empresas que exporten a USA. La verdad es más matizada, y puede requerir un cierto plazo de tiempo conocer el verdadero impacto económico.

La escalada arancelaria hará que las empresas de automóviles norteamericanas también paguen más impuestos por sus componentes importados, creando inflación doméstica (ya que no solo afecta a los coches importados, sino también a los componentes importados por los fabricantes norteamericanos). Esto es especialmente relevante para el sector automovilístico norteamericano, que se manifestó en contra de los aranceles sobre México, obligando a Trump a retrasar la fecha de su puesta en marcha. Sin embargo, no han podido evitar la caída de sus cotizaciones en bolsa.

El presidente Trump ha anunciado un incremento agresivo de aranceles para los consumidores USA, con un 25% de tarifas sobre los precios de los coches importados. Con posterioridad fuentes oficiales clarificaron que también cubría los componentes. Los impuestos subirán la inflación USA y reducirán el crecimiento económico, pero el impacto neto final se verá con el paso del tiempo.

Es tentador, pero incorrecto, comparar los aranceles del 25% con el 24% de subida de costes de los coches postpandemia. Los aranceles afectan a los coches importados, pero no a los costes de la cadena de suministro, los precios para los consumidores subirán menos del 25%. Ante esta situación, los consumidores norteamericanos podrían preferir prolongar el periodo de vida de sus coches usados, y esto tensionaría los precios del mercado de coches de segunda mano. la subida de precios tanto en coches nuevos como en coches usados podría eventualmente subir los precios de los seguros de automóvil, afectando a todos los propietarios de coches (independientemente de si decidieran comprar uno).

Las empresas norteamericanas podrían hacer un uso cicatero de los aranceles para aumentar sus precios y mejorar sus márgenes de explotación en lugar de mantener precios y ganar cuota de mercado frente a competidores de fuera de sus fronteras. Analizando otro precedente histórico, cuando en 2018 Donald Trump aumentó los impuestos a los fabricantes internacionales de lavadoras, los fabricantes norteamericanos subieron sus precios.

Los aranceles norteamericanos también dañan a sus empresas exportadoras, porque como cualquier otro impuesto, afectará al crecimiento de EE.UU. al subir los precios de empresas norteamericanas (ya sea por la subida de costes de sus inputs, ya sea por oportunismo comercial). En tiempos de guerra comercial, la inflación sobre precios afectará al crecimiento global. El menor crecimiento económico de EE.UU afectará a las empresas exportadoras de coches con destino USA, y su efecto sobre la cuota de mercado dependerá de la reacción de las empresas norteamericanas. Si los manufactureros USA elevan precios aprovechando los aranceles como excusa hay riesgos de escalada de precios mundial.

Los datos finales sobre el PIB del 1 trimestre de 2025 en EEUU se espera que sean estables, manteniendo la tendencia previa, pero las curvas en el camino complicarán, sin duda, los datos del 2 trimestre.

Los datos de inventarios mayoristas y retail de USA en febrero son particularmente importantes a la hora de realizar un diagnóstico, ya que tienen el potencial de ofrecer un respiro a corto plazo ante la subida arancelaria prevista.

En 1971, el presidente Nixon impuso un arancel a las importaciones de Estados Unidos, y congeló salarios y precios. Esto no funcionó, se enfrentó a subida de costes y como no tuvo habilidad para ajustar los precios, hubo incluso desabastecimientos por cuellos de botella en la cadena de suministro; se colapsaron los controles y la inflación se disparó. Los últimos titulares muestran como el Presidente Trump se ha reunido con los fabricantes automovilísticos norteamericanos y les ha dicho que no suban los precios a pesar de la subida de precios anunciada en sus componentes.

Cuando se publica el indicador de inflación en EE.UU, el deflactor del IPC, muestra la evolución de los costes (en ingresos y gastos) para empresas y familias. El principal impacto de los aranceles comerciales de EE.UU se podrá valorar en los denominados efectos de segunda ronda (empresas norteamericanas subiendo sus precios para cubrir el impacto de los aranceles sobre su cadena de producción, y su traslación a los distribuidores minoristas).  En este caso será interesante de monitorizar un análisis granular del deflactor.

El indicador de marzo de Michigan sobre el sentimiento de los consumidores y los datos de expectativas de inflación han mostrado problemas. De cualquier modo, cualquier síntoma de debilidad es una muestra del alcance del campo de minas desplegado por el líder al mando del partido republicano.

La administración norteamericana continúa mostrando una política fiscal errática, sugiriendo que habrá pocas exenciones para los consumidores norteamericanos después del 2 de abril, y que los compradores norteamericanos de cobre sufrirán pronto una subida de impuestos, este o no prevista.

De cualquier modo, cada vez se añaden más empresas chinas a la lista de restricciones de EE.UU a la hora de exportar.

El presidente de la Reserva Federal Jerome Powell, en una posición francamente difícil, ha defendido en su última comparecencia pública el libre comercio, mostrando prudencia ante potenciales bajadas de tipos de interés, habida cuenta del posible incremento de las expectativas de inflación del mercado de bonos.

En su declaración ante el Senado, Powell dio una lección de política monetaria de manual al afirmar que, si la economía norteamericana se mantiene fuerte, y la inflación no continúa moviéndose de manera sostenible hacia al 2%, se prolongará la restricción de la política monetaria. Si el mercado laboral se debilitara inesperadamente, o la inflación cayera más de lo previsto, se podrá relajar la política monetaria.

Causa tranquilidad que al frente de la Reserva Federal haya una profesional cualificado e independiente que no busca titulares mediáticos, y el mercado lo agradece. La paradoja es que sea una minoría y no se le respete. El gobierno de los EE.UU está jugando con fuego y nos puede salir a todos –no solo a los mercados- muy caro.

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