Isabel Giménez Zuriaga, directora general FEBF
Silva ha vencido en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2026 con el 51,8% de los votos válidos, asegurando así un inaudito cuarto mandato, y derrotando a Flávio Bolsonaro, que obtuvo el 48,2%. Este resultado ha supuesto una sorpresa para los mercados, que descontaban una ajustada victoria para la derecha, tras haber logrado una ventaja aplastante en la primera vuelta, y Bolsonaro, indignado por irregularidades en el proceso electoral como la ampliación del horario de votación (que cambió el resultado final) ha solicitado una anulación de las elecciones y repetición de las mismas.
Tras la victoria de Bolsonaro en la primera vuelta, y antes de esta ajustada y polémica victoria electoral, la bolsa brasileña había conseguido un máximo histórico, dado que los inversores contaban con un sendero claro de disciplina fiscal y políticas favorables a las empresas y el capital privado.
En esta coyuntura, gestores y analistas anticipan movimientos desordenados y volatilidad en la renta variable, así como cautela ante las posibles reformas fiscales, que pudieran afectar sobre todo a la rentabilidad de la renta fija por parte del renovado gobierno progresista, que recientemente había anunciado mayor gasto social, que pone en duda la sostenibilidad de las finanzas públicas brasileñas.
De hecho, recientemente el Gobierno brasileño anunció un aumento del 15% en las transferencias monetarias de su programa social Bolsa Familia, redujo a cero los impuestos federales sobre la gasolina, y aumentó las subvenciones al etanol y gasóleo importados.
Asimismo, promulgó la ley de condonación de las deudas fiscales federales para los microempresarios, y prometió transferencias en efectivo no reembolsables hasta 5.000 reales para las pymes.
Días antes de la votación, el gobierno también remitió al Congreso una enmienda constitucional para la gratuidad del transporte público los fines de semana y festivos. Además, el Congreso promulgó el fin de la semana laboral de seis días, una de las promesas estrella de Lula, reduciendo la semana laboral máxima de 44 a 40 horas, sin reducción de salario.
Sin embargo, el consenso de los mercados coincide en que a Brasil ya le queda escaso margen para estas políticas sociales, su deuda publica bruta ha llegado al 83% del PIB, lo que supone un aumento de 10 puntos porcentuales en el ultimo mandato, y un déficit publico cercano al 10%, que se compone casi en su totalidad de intereses, ya que Brasil paga uno de los intereses más altos por una deuda en ascenso imparable, cuestionando su sostenibilidad.
En este contexto, una de las mayores preocupaciones es la gobernabilidad legislativa, que dependerá de la formación de coaliciones en un Congreso fragmentado, y de tendencia mayoritaria conservadora. En el medio plazo, esto puede obligar a Lula a reajustar sus políticas y mejorar la disciplina fiscal, favoreciendo a los activos nacionales. Algunas de sus propuestas se verán bloqueadas, y otras deberán aligerarse y su aprobación requerirá concesiones costosas a la oposición a cambio de sus votos.
Principales logros de Lula da Silva
| Lula I (2003-2006) Estabilización social | Lula II (2007-2010) Crecimiento y Potencia Mundial | Lula III (2023-2026) Reconstrucción |
| Hambre cero y pobreza familia. Salario mínimo. Electrificación rural. Farmacia popular. Becas Universitarias. Descubrimiento mega-yacimiento Tupi. | Programa Aceleración del Crecimiento. Duplicar Universidades Federales. Investment Grade S&P. Crecimiento positivo PIB | Bolsa Familia por niño. Aumento real salario mínimo. Mais Médicos. Deforestación 50% Amazonia. Reforma tributaria unificación impuestos. G20 en Rio y Cop30 Belem. |
Fuente: Elaboración propia.
Brasil es un modelo de fortaleza económica para todo el continente latinoamericano, y Lula es perro viejo, algunos analistas creen que su fuerza
económica trascenderá el actual contexto político siempre y cuando las cuentas se reordenen. En el medio plazo, si el gobierno brasileño mostrara compromiso por la estabilización de la deuda y una consolidación fiscal gradual, los bonos, el real y las acciones podrían tener un buen desempeño, dados los altos rendimientos y sus valoraciones todavía atractivas.
Por el contrario, si no se mejora la credibilidad fiscal, es probable que su moneda se deprecie y las primas de riesgo se mantengan elevadas en todos los activos.
El contexto no cambia las fortalezas subyacentes de Brasil, como potencia agrícola y energética, entre los mayores exportadores mundiales de soja, carne de vacuno, café, azúcar y algodón.
En esta línea, sus cuentas son sólidas, con una inversión extranjera directa que cubre con creces su déficit por cuenta corriente, tipo de cambio flotante, desempleo en mínimos históricos y banco central solvente. Pocos mercados emergentes combinan escala, recursos y profundidad al nivel de Brasil y Lula ya ha sabido aportar credibilidad fiscal en mandatos anteriores, combinando superávits primarios con fuerte crecimiento.
Si en su cuarto mandato consiguiera situar la deuda en una senda descendente, los tipos de interés podrían bajar sustancialmente, la inversión privada recuperase, y el dinero publico destinarse a infraestructuras y servicios (en lugar de a los acreedores).
Sensu contrario, si no se realizara el ajuste fiscal, Brasil a pesar de contar con buenos fundamentales pagaría unos intereses extremadamente altos y la próxima corrección vendrá por los mercados, en lugar de hacerse desde Brasilia.